SOBREPESO INFANTIL

En algunos casos un ligero sobrepeso inantil puede convertirse en obsesión.
En algunos casos un ligero sobrepeso inantil puede convertirse en obsesión.

«Sí, tengo sobrepeso, ¿y qué?»… El derecho a estar pasado de peso es obvio en un adulto, pero, ¿qué pasa con los niños? ¿No se les presiona demasiado cuando tienen unos kilos de más? ¿Qué pasa con el sobrepeso infantil? ¿Y con la obesidad infantil en aumento? ¿A partir de qué punto el sobrepeso es de verdad un riesgo para la salud? No convertir el PESO en obsesión es el mejor consejo que podemos dar a los padres.

¿OBSESIÓN POR EL PESO?

La obsesión por la delgadez es un tema complejo. Por un lado, es evidente que ser esclavo de la tiranía de la belleza y de los modelos que nos imponen es algo negativo, muy especialmente para la psicología de los adolescentes y niños, un colectivo en el seno del cual se ha visto crecer en los últimos años trastornos como la anorexia o la bulimia, y obsesiones enfermizas reflejadas en blogs como los de las famosas “Proana”…

Por otro lado, es cierto que la delgadez nos impresiona desde el punto de vista estético, como lo prueba la enorme dificultad por parte de las grandes marcas de moda para promocionar tallas fuera de la norma: los estereotipos calan muy hondo, y el gusto común tiende a considerar menos elegantes a las persona obesas, e incluso a personas con sobrepeso ligero.

Además, en términos de salud, parece clínicamente probado (aunque hay quien cuestiona tales estudios), que el sobrepeso acorta la vida, y que es fuente de innumerables patologías y de trastornos alimentarios desgraciadamente cada día más frecuentes.
En cualquier caso, mucha es la presión ejercida sobre la población, especialmente femenina, para mantener el peso a raya.

Por ello es de agradecer los esfuerzos que realizan algunas marcas por salirse de las convenciones y presentar modelos de formas más “generosas” (es el caso de la cosmética natural de Alqvimia), de la marca de jabones Dove o de la marca de lencería Lane Bryant… Son esfuerzos a valorar, pues no olvidemos que cuando hace unos años, en la Pasarela Cibeles, se quiso apostar por vetar a las modelos más delgadas, la iniciativa acabó en agua de borrajas.

En resumen, no estigmatizar el sobrepeso es una tarea pendiente, especialmente a tener en cuenta en los padres que tienen hijos. En Bioherbarium recibimos a menudo peticiones de consejo como ésta: “Tengo un niño de siete años, ¿qué podría tomar para perder peso?”. Nunca hemos aconsejado ningún suplemento para ello: creemos que los adultos son libres de tomar sobre su cuerpo las decisiones que prefieran, pero cuando se está educando a un hijo es de vital importancia no abrumarle con obsesiones sobre su aspecto que puedan derivar a la larga en un trastorno alimentario. Por ello nuestro mejor consejo es:

  • Si le parece que su hijo tiene un ligero sobrepeso, no se angustie, es muy frecuente que los niños cambien de metabolismo y que niños que han sido gorditos a los siete o a los doce sean muy esbeltos a los quince o a los dieciocho. El mejor consejo: esperar, no agobiar al niño o niña y darle una buena educación alimentaria.
  • Si le parece que su hijo está realmente pasado de peso (que pesa, por ejemplo, diez kilos más de lo que sería su peso ideal), sí puede estar en el caso de lo que llamamos obesidad infantil. En ese caso, consulte a un buen endocrino y trate de inculcarle buenos hábitos alimentarios y de ejercicio, sin esperar a remedios milagrosos y sin abrumarle con obsesiones.

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